Asesoría para el diseño de la estrategia de IEC
a Plan Internacional
Cotopaxi-Ecuador

Apenas terminado el mes de enero, un titiritero, un teatetro y algo parecido a un radiodifusor fueron enviados a la provincia del Cotopaxi para capacitar a cientos de chicos de los sectores de Pujilí y Saquisilí.


La carrera empezó en febrero. Viajando en la madrugada, muertos de frío y con más ojeras que cara se tuvo que viajar a Latacunga primero y luego a las localidades.


¡A las comunidades primero!, nos dijeron. A las comunidades pues. Al sector de Yahuartoa que no quedaba a menos de una hora en auto desde Latacunga.

Con algo de suerte el camino al colegio no estaba bloqueado. Pero si la lluvia se nos adelantaba, eran 30 minutos a pie desde la carretera hasta el lugar del taller.

Bueno, eso si no “cortábamos camino”, que a mi siempre me pareció más largo. Entonces había que subir por el bosque, bajar hasta el río…y fregados, saltar el río. No es que haya sido “el río”, de hecho no tenía más de un metro de ancho, pero igual daba miedo caerse.

El trabajo en la ciudad era más fácil, media hora en bus y ¡a los colegios!. Teníamos que entrar a las 9 siempre, pero siempre llegábamos 9:30. No por nuestra culpa eso si, es solo que nunca faltaban contratiempos que nos demoraban.


Cincuenta chicos y chicas por localidad. Unos a teatro, otros a títeres, otros a radio. El trabajo empezaba. El Edy empezaba por sentarles en el piso y ¡dale a la memoria emotiva!, algunos chic@s lloraban, otros se reían, pero cumplían el cometido, explorar su sensibilidad y su cuerpo.


El Walter era otra nota, ¡todos los chic@s con las manos arriba! y dale a mover la muñeca, era buen ejercicio para que pudieran manejar los títeres. Además, había que enseñarles a reír, a moverse, a transferir sus energías al títere, nada fácil para el pobre Walter.


En radio los talleres empezaban con una buena sermoneada. ¡Olvidaranse de la radio comercial!, ¡la radio no es solo para poner música!...y después a la gritadera, para que los chic@s suelten las voces y descubran la fuerza del lenguaje.

Entre trabajos de iniciación, de aproximación a las áreas se fueron un par de talleres. Luego empezó la parte fuerte, la creación de los productos.


No es que sea imposible, pero lograr cuatro obras de teatro, cuatro de títeres y cuatro programas de radio en cinco talleres le hace perder el cabello a cualquiera, mucho más si se considera que ninguno de los chicos y chicas participantes, tanto del área indígena como la urbana tenían conocimientos previos sobre los temas.


Hubieron varias ocasiones en que las piernas nos temblaron. Ningún actor, actriz, titiriter@, locutor o locutora se ha formado en 20 horas. A veces los chic@s no asistían, tenían que trabajar, no sabían el lugar, se despechaban y ni modo…no había manera de tener un trabajo constante.


Al final del proceso obviamente no llegaron todos los que empezaron. Pero llegaron los que eran, los realmente esforzados y con ellos ¡manos a la obra!, a construir las obras y los programas.


Ideas propias, leyendas, cuentos, sueños, reclamos, miedos, fiestas, política, sociedad, cultura, un poco de todo apareció al momento de proponer temáticas. Entre todos se encogían a las mejores y se las trabajaron.


Los pequeñitos a armar los títeres, a pintar ojos, bocas, a pegar el pelo, a ponerle un nombre al muñeco y darle convertirlo en un personaje.


Los de teatro a asumir el personaje, a darle un cuerpo y un alma, a moverse como lo haría el personaje, a pensar como él lo haría, a sentir como el lo haría.


Los de radio a locutar y escribir noticias, a vocalizar, a improvisar conversaciones, a inventarse historias para los radioteatros, a manejar la consola, ¡que suba el volumen y al aire!


 

 

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